Desde hace tres años uno de los valores en los que me centro e intento desarrollar más con los alumnos de mi tutoría es la amabilidad, en sus diversas dimensiones. Lo trabajamos en todos los momentos que ellos están en el colegio, intentando hacerles ver la importancia de tener un trato agradable hacia las personas con las que nos relacionamos, y lo hacemos a través de reflexiones y diálogos sobre situaciones concretas y reales que se producen durante su tiempo de estancia en el centro. El objetivo final es lograr que los chicos vayan creciendo siendo conscientes de que ponerse en el lugar del otro y tratarlo con amabilidad es clave para que exista un buen clima de convivencia escolar, y que después proyecten ese planteamiento en los distintos ámbitos de su vida. Por ello es fundamental contar con el apoyo y la colaboración de las familias en casa. Unidos conseguiremos que nuestros alumnos, nuestros hijos disfruten de entornos en los que el cuidado de las relaciones personales esté normalizado.

Siempre iniciamos nuestro recorrido centrándonos en dos aspectos; por un lado, pensamos en todas aquellas formas en las que podemos mostrar nuestra amabilidad, desde saludar al llegar, despedirnos al marcharnos, pedir algo “por favor” o agradecer con “gracias”, a interesarnos si vemos a un compañero algo triste o decaído, cuidar nuestro lenguaje o hacer buen uso de las redes sociales en lo que opiniones y trato a los demás se refiere. Por otro lado, insistimos muchísimo en la gran relevancia que nuestra actitud puede tener en el día a día de los demás ya que desconocemos en qué circunstancias se encuentran -si están pasando por un mal momento o tienen problemas en casa, por ejemplo-, por lo que tener un gesto de amabilidad hacia ellos puede aliviar en cierto modo su situación.

Este recién iniciado curso he decidido dar una vuelta de tuerca más en este objetivo, haciéndolo más visible a fin de concienciar más y mejor a mis alumnos. Para ello pensé en una especie de eslogan que tuviésemos presente en el aula y elegí “La amabilidad es un súper poder. ¡Úsalo!”. Lo escribí con letras y colores atractivos y lo puse en uno de los corchos del aula. Hacemos referencia a su mensaje con bastante frecuencia, a fin de reconducir ciertos comportamientos que van en sentido contrario y que tienen muy interiorizados, como la inercia a pedir el castigo inmediato para alguien que hace algo mal, sin detenerse a pensar qué ha podido ocurrir previamente para que esa persona actúe así. Estoy comprobando que la dinámica empieza a dar resultados porque en ocasiones ya hay alumnos que ante situaciones del tipo anterior empiezan diciendo, “bueno, seamos amables primero y antes de decir nada vamos a intentar ponernos en su lugar” o “a lo mejor no es lo que nosotros pensamos, ¿a qué a vosotros nos os gustaría que dijeran eso?”.

Con el propósito de que los alumnos se sientan aún más motivados, se me ha ocurrido, en línea con el eslogan, crear la figura de un súper héroe y una súper heroína llamados “Superamable”. Y hacerles ver que serán ellos mismos los protagonistas siempre que pongan en práctica el súper poder de la amabilidad. A tal fin he preparado unas chapas que los identifica con el súper poder y su nombre, para así personalizar los ejemplos de actuaciones y comportamientos positivos y mostrar todo lo bueno que pueden conseguir cuando despliegan su amabilidad. La idea es que hagan gala de la chapa siempre que realicen un acto de esa índole. El comienzo está siendo bastante alentador; a medida que vaya avanzando el curso iremos compartiendo los logros y aquellos aspectos a mejorar. Mientras tanto, ¡actuemos todos con amabilidad!, nuestro pequeño mundo lo agradecerá.

2 comentarios

  1. Me parece genial esta iniciativa, a la vez que muy necesaria (no solo en las escuelas).
    Hace unos meses y debido a la perdida de una persona con este super poder, entendí lo importante que es ponerlo en práctica. Aunque es difícil, estoy segura que con tu ayuda, todos tus alumnos encontrarán la forma de hacerlo.
    Un abrazo Antonio

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    1. Gracias por tus palabras, Elena. Tienes toda la razón, la amabilidad es un valor muy necesario, no solo en los colegios, sino en todos los ámbitos de nuestra vida: en casa, en el trabajo, con los amigos… Y en familia y en el colegio es donde tenemos que poner el énfasis para que nuestros hijos y alumnos vayan adquiriendo la consciencia de su importancia y desarrollando hábitos de amabilidad que les salgan de forma natural. Otro abrazo para ti, Elena!

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